Lugares del fin del mundo: Ralún.
Innumerables son los parajes encantadores que nos ofrece la geografía de Chile; al reflexionar sobre ello inevitablemente se nos viene el leit motiv aprendido desde la escuela aquel del Chile tricontinental. El país peninsular, el continental y el antartido parecen ser tres países diferentes bajo la misma jurisdicción, palabrilla que para un viajero y mas aún para un aventurero no creo signifique mucho…En fin, mi idea es procurar hacerles justicia a algunos lugares que normalmente no son mencionados dentro de la “gama turistica” de Chile, lugares personalmente recorridos y vividos, los cuales quizas algún día ustedes quieran conocer.
Partiré contándoles sobre un lugar encantado, su nombre es Ralún, denominación que en lengua mapuche significa valle. Este pueblo esta ubicado en la décima región, en la ribera nororiente del río Petrohue, formando parte de la carretera Austral de la región de Los Lagos. Creo que este destino debe ser revindicado, ya que goza de un santuario impresionante donde se plasman las manifestaciones mas sublimes de la naturaleza. Rodeado de tupidos Alerces es el camino que nos guía a la cabaña en donde residen los boteros, quienes por un precio excesivamente módico son los encargados de cruzar a los turistas en su bote a remo a través de las bravas corrientes del Río Petrohue. Al cruzar podemos observar los salmones arrastrados por la corriente; es bastante común que llueva o al menos haya garúa durante este paseo; es realmente increíble la inmensidad que rodea todo, ya que por su parte el río imperante esta rodeado de inmensos bosques de Alerce, razón por la cual al observar cualquier punto de este cuadro nos encontramos con este paisaje de arboles, colinas y la cordillera a lo lejos. No conforme con esto la naturaleza sigue sorprendiendonos al cruzar al otro lado de la ribera, ya que adentrándose un poco en un bosque nos encontramos con hermosas y rusticas cabañas, algunas con un toque arquitectonico de aldea alemana, lo cual es bastante común en el sur de Chile, debido a la colonización y a medida que avanzamos vamos encontrando en el camino señaletica de madera y artesanal, la cual nos indica que existen termas, caminando alrededor de diez minutos podemos encontrarnos con otro regalo; un par de termas naturales formadas entre las rocas, las cuales en ningún caso estan intervenidas por la mano del hombre y así mientras llueve, podemos quitarnos la ropa y sumergirnos en esas aguas impregnadas de minerales. Usualmente encontramos a personas que una vez van y siempre regresan y el saludo con nuestros amigos boteros es bastante fraternal; algunos se alivian de dolores reumáticos, otros se alivian el alma. La cosa es que el conjunto de elementos que nos entrega este valle podría incluso llegar a ser inenarrable. Mientras se disfruta del relajante proceso de inmersión, puedes ver alerces milenarios, escuchar la fauna, ver volar las aves y te das cuenta que si hay gente que puede vivir rodeada de esa tranquilidad y esos son los anfitriones, aquellos que cumplen el trabajo de cruzar personas a la otra ribera, quienes son a su vez un valioso testimonio de la vida en armonia con la naturaleza. En caso de que quieran pasar la noche hay un camping a la entrada de este lugar, el campo de la familia de los boteros, tambien existe la posibilidad de rentar una casa a la orilla del río. Creo que es profundamente necesario pasar una noche a la orilla de una fogata observando las estrellas que son el alumbrado electrico de este pueblo.
Tag: Cronicas


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