Brasil – Una aldea marcada por dos culturas

Un lugar inquietante deben conducir las pequeña calles de Alcántara, una mezcla de culturas y tradiciones de África y Portugal en Brasil.
Se percibe en todo turista cuando se pone un pie en el muelle de la bahía de San Marcos y se recorre con entusiasmo los pasillos empedrados, los rasgos africanos gentiles y amables adosan una sonrisa y una mano dispuesta al saludo.
En el último desembarco, en esta costa opuesta a San Luis (capital del estado de Maranhao), siguen con la rutina los pescadores de róbalo, burija y pescada amarilla sobre los botes de madera.
La historia del imperio, la esclavitud y Brasil que se alejó de esas ataduras en el siglo XIX dejó marcas imborrables en Alcántara.
En mayo y agosto el pueblo y sus habitantes tienen las fiestas del Divino Espíritu Santo y de San Benedicto. Con banderas al frente de las casas se identifica los lugares escogidos para la fiesta del Divino, 50 días después de Semana Santa. En ese momento la generosidad vecinal garantiza el éxito de la fiesta.
Gracias a donaciones de maíz, arroz, mandioca, dulces, licores y frutas, las familias se dedicaron todo el año para preparar su rol de anfitriones y cumplen con la tradición sagrada: pobladores y visitantes son invitados a comer y beber gratis en las viviendas “FIESTERAS” a lo largo de 12 días.Plaza principal
La plaza principal no es más que el terreno baldío donde las ruinas de la Iglesia San Matías (del siglo XVII).
La plaza de la Matriz, con construcción de dos plantas y tejado, en la forma más rápida para llegar a la calle De la Bella Vista, que los que desciende de los esclavos re bautizaron De la Amargura.
El océano Atlántico cubre de turquesa los restos de las mansiones de los terratenientes.
No se ven más las viejas carabelas que se llevaban a los viejos terratenientes y su familia a escapar de los piratas.
Los dueños de las tierras productivas (golpeados por la mala economía hace más de un siglo, se radicaron en San Luis, ahora son los afro-brasileños son los que rezan en la Iglesia del Carro de 1665 y los Pasos de Cuaresma que conforman el Vía Cursis.
Recorro hasta llegar al Museo histórico donde se encuentran documentos y reliquias delatan que fueron los franceses quienes se adelantaron en 1612 para alterar la vida de los indios Tapuias y Tupinambá en la primitiva aldea Upa Guazú , hasta que después de tres años fueron expulsados por conquistadores portugueses.
Ya llega la mitad del día , invaden los olores del almuerzo, se come comidas típicas antes que volver a la lancha y despedirme de un tiempo lejano.

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