Historia del Turismo. (1ª parte)

Así comenzó esta maravillosa aventura…
Desde siempre hemos tenido los seres humanos un espíritu inquieto, con nuestro afán de ir más allá de lo conocido para descubrir cosas nuevas. Podríamos afirmar, sin temor a exagerar, que la curiosidad es otro de nuestros instintos naturales. Está claro que las personas nos hemos desplazado de un lugar a otro por múltiples motivos, pero en este artículo he escrito una sencilla crónica de los viajes turísticos. Y ahora vamos a la primera cuestión, ¿Qué es el Turismo? Bien, la OMT (Organización Mundial de Turismo), lo define como “El desplazamiento fuera del lugar habitual de residencia, por motivos de ocio, durante un periodo de tiempo inferior a un año.” Bueno, para poder hacer turismo son necesarias algunas condiciones previas, a saber: tiempo, dinero, vías de comunicación en buenas condiciones y una mínima seguridad y servicios a lo largo de la ruta y en los lugares de estancia.

No lo sabemos con certeza, pero seguramente las clases acomodadas de Egipto y Babilonia, fueron las primeras en hacer viajes turísticos, pues se cumplían todas las condiciones necesarias, y la curiosidad siempre ha estado ahi. No obstante, si sabemos con certeza que los antiguos griegos si tuvieron en el turismo una de sus costumbres más arraigadas; me refiero, por supuesto, a la gente culta y acomodada, pues ellos admiraban la prosperidad, la sabiduría y el desarrollo como civilización del país que llamaban Aegiptus (Egipto o Tierra del Misterio). Viajar al país del Nilo, para residir en él durante algunos años, instruyéndose en alguna de las muchas escuelas sacerdotales para formarse como ciudadano útil, era una tradición consolidada y de obligado cumplimiento. Podríamos decir que aquí se mezclaban el placer por descubrir un país completamente diferente y mucho más avanzado con la disciplina del estudio y del trabajo.

Personajes históricos como los Siete Sabios de Grecia, entre ellos Pitágoras, del cual se dice que llegó hasta La India, fueron algunos de los que allí viajaron. Sin embargo, seguramente el más famosos de los turistas helénicos fue Herodoto, llamado “El Padre de la Historia”, emperdenido viajero, que a la manera de un periodista de la época, escribió crónicas de todos aquellos lugares por lo que pasó, recorriéndose a lo largo de su vida buena parte del mundo antiguo, aunque según algunos historiadores lo que no sabía de un lugar, se lo inventaba, aunque esa es otra cuestión… También, dentro de Grecia, mucha gente, no necesariamente acomodada, viajó a lugares emblemáticos de su civilización, como por ejemplo, la ciudad santuario de Olimpia, con motivo de los Juegos Olímpicos que allí se celebraban cada cuatro años; por el mismo motivo se desplazaban a otras ciudades en las cuales se celebraban también acontecimientos similares, aunque en este caso, la diversión se mezclaba con la devoción, pues los Juegos estaban considerados actos religiosos para honrar a los Dioses del Olimpo.

Por parecidos motivos, eran también muy frecuentes las peregrinaciones a los santuarios de Delfos y Dódona, sedes ambas de famosos y reputados Oráculos, hasta los cuales llegaban gentes de toda clase y condición en busca de respuestas para su vida. Como curiosidad, vale apuntar, que los previsores griegos, conscientes de este fenómeno y pensando también en los numerosos visitantes extranjeros que recibían, construyeron una serie de establecimientos, llamados Proxenos, dedicados a atender a estos viajeros foráneos, resolviendo todos los problemas económicos, de desplazamiento y de otra índole que se les presentasen en tanto permaneciesen en territorio griego, a la manera de los Consulados en la actualidad.

Algunos siglos más tarde, cuando Roma, al expandirse creó un imperio que acabó por abarcar toda Europa occidental, el norte de África y buena parte de Oriente Medio, y que contaba además con la mejor red de comunicaciones jamás construída de toda la antigüedad, los Patricios, la clase dirigente romana, adoptó la costumbre, imitando en cierta manera a los helenos, de realizar un viaje de instrucción a Grecia, con el fín de aprender de sus admirados filósofos todo aquello que considerasen necesario para completar su formación como futuros dirigentes políticos, y es que Roma acabó sucumbiendo al encanto de la refinada cultura helénica, así como esta se rindió a su vez a los misterios de la civilización del Nilo.

Asimismo, según fue pasando el tiempo y los austeros romanos fueron adquiriendo costumbres más refinadas, se puso de moda frecuentar las Termas, baños públicos con piscinas de agua caliente y fría, con servicios de masaje, y dotados de numerosas y cálidas estancias en donde tratar toda clase de temas con la mayor privacidad. Las más famosas fueron las de Caracalla. En esta época comienza a implantarse la costumbre de ir a las playas a bañarse, y también a ¡tomar baños de sol! Fue también muy habitual, dada la diversidad cultural de imperio y la seguridad en su territorio auspiciada por la Pax Romana, que la gente con suficientes recursos económicos realizara frecuentes viajes de placer, y aún que se acabaran estableciendo en lugares muy lejanos a aquellos en donde nacieron. Es famoso, por ejemplo, el caso de un próspero mercader sirio, el cual se había casado con una mujer de Britania, y estableció su residencia en el norte de la actual Inglaterra.

Con la caída del Imperio Romano de Occidente, a finales del siglo V, comienza la Edad Media. Durante este periodo, el profundo declive político, social y económico, el abandono de las vías romanas, que comienzan a deteriorarse, y el permanente clima de inseguridad, provocan la práctica desaparición del turismo. Solamente la peregrinación por motivos religiosos, como por ejemplo el viaje a Santiago de Compostela o a los Santos Lugares entre los cristianos, o la Hajj o peregrinación a La Meca, entre los musulmanes sobreviven durante los primeros siglos de este periodo.Un caso aparte fue el de los Vikingos de Escandinavia, quienes recorrieron toda Europa hasta África y Rusia hasta llegar a Bizancio, aunque su motivo principal fue el placer de… saquear; en fín, esto último es broma, aunque lo cierto es que no todos ellos fueron piratas o conquistadores, algunos eran comerciantes pacíficos y otros, como Erik el Rojo o Leif Ericisson llegaron a establecer colonias en la actual Canadá. Sin embargo, con la consolidación de las fronteras políticas, la creciente prosperidad económica y el viento fresco que supusieron Las Cruzadas, con su mutuo intercambio cultural, empieza a resurgir un incipiente turismo.

A finales de la Edad Media surgen varios personajes que realizaron épicos viajes a los confines del mundo conocido entonces, poniendo de nuevo en comunicación culturas que se ignoraban mutuamente. El más famoso fue el mercader veneciano Marco Polo, quien residió durante muchos años en la corte del emperador chino Kublai Khan; menos conocidos conocidos fueron el musulmán Ibn Battuta, quien recorrió todo el Magreb, e incluso, según algunos cronistas, llegó hasta la mismísima Indochina, y el ruso Afanasiev Nikitti, que fue el primer europeo en pisar La India.


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