Sintra, la joya romántica de Portugal (1ª parte)

“Salir a ver mundo y no pasar por Sintra es ir ciego.”
Antiguo dicho español.
Situada a apenas 30 km al noroeste de Lisboa, la capital de Portugal, país a la vez tan cercano como desconocido, la pequeña ciudad de Sintra, también llamada “Vila Velha” o Villa Vieja, es con sus apenas 30.000 habitantes, una verdadera joya para cualquier afortunado visitante, tanto por su entorno natural como por su peculiar y original arquitectura, aspectos ambos combinados con gran acierto… y hemos de añadir su interesante oferta cultural. Por todo ello, la UNESCO la declaró en 1995 Ciudad Patrimonio de la Humanidad.
Los primitivos habitantes de la zona, los celtas de la tribu de los “Vettones”, la bautizaron como “Cynthia”, palabra que quiere decir “Luna” y que los árabes, muchos siglos después transformaron en “Zíntira”, y de ahí proviene el nombre actual de la ciudad, “Sintra”. Al igual que tantas otras localidades de la península ibérica, Sintra ha tenido muchos moradores a lo largo de su historia: celtas, romanos, visigodos, árabes, cristianos, todos los cuales han contribuído en mayor o menor medida al tesoro cultural de la villa, y por último, desde hace aproximadamente un siglo y medio, curiosos y sorprendidos visitantes de todo el mundo, algunos de los cuales han decidido echar raíces en esta romántica villa o en sus alrededores.
Dejando aparte, por el momento, los monumentos de la ciudad, en nuestra visita podremos ver un pueblo levantado a la antigua usanza, con sus calles estrechas y empinadas, sus rincones únicos sorprendiéndonos a cada paso que demos, sus portales de piedra con puertas de recia madera y postigos de hierro forjado ajados por el paso del tiempo, las casas con paredes de vivos colores, que también dejan entrever el desgaste de los años, sus plazas surgidas alrededor de unas fuentes que nos regalan el rumor del agua corriendo con placidez, sus Palacios o “Quintas” como aquí las llaman, y sus numerosos, amplios y románticos jardines.

Sintra está situada entre el mar, el océano Atlántico para ser más precisos, y el gran promontorio coronado por el Castillo de los Moros y el Palacio de La Peña, desde los cuales se contemplan toda la ciudad y sus alrededores, pudiéndose divisar sin dificultad, en los días con cielo despejado, la ciudad de Lisboa. La propia villa se extiende a lo largo de la carretera que la atraviesa, creciendo a lo ancho donde las condiciones del terreno lo permiten, en un alarde de ingenio y laborioso esfuerzo constructivo. Uno de sus muchos ilustres visitantes, el poeta romántico britanico Lord Byron la describía en una carta a su madre como “…un lugar que aúna la naturaleza salvaje de las Tierras Altas de Escocia con el verdor del dulce sur de Francia…”El primero de los monumentos importantes de la villa es el Palacio Nacional, aquí llamado “Paço da Vila“, el cual se comenzó a construir en el siglo XVI, pero que siguiendo una curiosa tradición del lugar, ha reunido en su arquitectura múltiples estilos como el Medieval más purista, el Árabe, sobretodo en sus estancias interiores y en su patio, el Gótico, el Renacentista y por último el Romántico. Esta situado en pleno centro de Sintra en la rúa Barbosa du Bocage, y es fácilmente reconocible por su impoluto color blanco y sus dos curiosas chimeneas cónicas, de más de 30 metros de altura, identicas y situadas una al lado de la otra. Fue declarado Monumento Nacional en 1910, y hoy está dedicado principalmente a albergar exposiciones culturales. En tiempos pasados fue residencia para el descanso de la familia real portuguesa.

Si nos situamos en cualquier espacio abierto de la ciudad es fácil contemplar la impresionante figura del Castillo de los Moros (Castelo dos Mouros), en el lugar conocido como Sâo Pedro de la Pena Ferrim, rodeando con su muralla almenada el macizo de la montaña que se eleva dominante sobre la villa. Como su nombre indica fue levantado por los árabes, en el siglo VII, recién llegados como los nuevos señores del lugar. En su día tuvo varias torres y dependencias, como un auténtico castillo, pero después del paso de los siglos y de la ausencia de trabajos de mantenimiento, que no se han emprendido hasta hace pocos años, hoy sólo permanecen sus murallas, las torres adyacentes, la pequeña capilla románica dedicada al apostol San Pedro, también situada junto a una puerta de la muralla, y la llamada Torre Real, para llegar a la cual hay que subir 500 metros de escalinatas bastante verticales.

Para llegar hasta el castillo hemos de tomar una carretera, que dejando atrás varias Quintas centenarias, nos conduce, a través de un bosque espeso y sombrío que nos sumergirá en el ambiente de las novelas del Romanticismo, hasta el acceso a la muralla, no sin antes haber pasado por un bellísmo jardín de cuento de hadas, con lago y cisnes incluídos.

Esta carretera termina finalmente en la explanada que nos lleva a la puerta de del Palacio de Pena; podemos subir a pie, son unos cinco kilómetros de suave pendiente, en coche, o con un poco de paciencia esperar al “tren turístico”, que no es sino un tractor con forma de locomotora que arrastra varios “vagones” de complacidos turistas. El panorama que se contempla desde las murallas del castillo es impresionante, y es posible dar una vuelta completa alrededor de la montaña, eso sí, subiendo y bajando escaleras a lo largo de las ondulantes murallas. No es extraño, incluso en verano, encontrarnos con una pertinaz niebla cubriendo parte del paisaje; otro ingrediente más para recrear el ambiente de las novelas del Romanticismo.

Coronando el macizo que domina la villa, se levanta un Palacio que parece sacado, con toda justicia, de un cuento de los hermanos Grimm; no se trata desde luego del castillo de Blancanieves ni de la ciudad amurallada de Camelot, pero no les iría a la zaga a ninguno de estos dos míticos lugares. Este Castillo-Palacio es bien real, aunque a primera vista nos cueste creerlo. Me estoy refiriendo al Palacio de la Peña (Palao da Pena) construido sobre las ruinas del Monasterio de La Nossa Senhiora de la Pena, que está considerado una de las Siete Maravillas de Portugal.

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