St Malo – Francia

leticiadelpino 25 enero 2009 0

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Para llegar hasta Saint-Malo, en costa de Bretaña, en Francia, viajan 420 kilómetros desde París hasta el Río Rance en el Canal de la Mancha. Saint-Malo ganó fama gracias a los dos kilómetros de murallas que la rodean.
La ciudad es hoy un buen destino turístico bañado con flores y playas en el verano.
En su largo e interesante historia cuentan que hasta mediados del siglo XVIII no alcanzó para custodiarlas calles de Saint-Malo al asedio de los piratas y bandidos.
Con la última campanada de la iglesia cerraban las puertas de la ciudad y una jauría era liberada por las playas para protegerla, hasta que un día los perros guardianes atacaron a los oficiales de bandera propia, el gobierno local decidío envenenarlos. Pero los perros no han desaparecido siguen presente en el escudo de la ciudad con el nombre de La Place Du Guet, que hace referencia a la antigua función de vigilancia de los perros.
Dejando atrás su historia comenzamos el recorrido a la ciudad por las murallas es uno de los paseos más bellos que se pueden hacer.
Si uno se sienta en los huecos de los cañones se ve la desembocadura del Rance, las colinas y los valles.
Las mareas es parte de la costa bretona son toda una curiosidad, por momentos pueden ocultar o descubrir kilómetros de playas. Llegar entonces al islote del Gran Bé (unos metros más allá a la muralla).
Después de recorrer la muralla, es hora de seguir el recorrido “intra muros” por la parte antigua.
Uno se sorprende que detrás de la espesa muralla las casa no lucen el pintoresco estilo bretón que se supone, sino que están construidas en sólido granito rematado con techos de pizarra.
El parecido arquitectónico con el estilo parisino no es casual, durante los siglos XVII y XVIII, Saint-Malo fue el puerto más importante de Francia y sus armadores forjaron su fortuna y construyeron las ostentosas casas de granito de varios pisos.
No se conservan pocas construcciones ya que la bombardearon es la segunda guerra mundial.
Hubo edificios que debieron ser reconstruidas y fue hecho en forma muy minuciosa.
Las historias de los tiempos de gloria abundan y se traduce a los nombres de las calles que evocan a los hombres como Gouin- de- Beachesne, primer marino de esta región que cruzó el cabo de hornos.
Se puede encontrar con la orgullosa estatua del corsario Robert Surcouf (héroe local que derroto a los ingleses).
Los malouins orgullosos de su pasado no olvidan a sus corsarios, armadores y pescadores que durante siglos cruzaron el Océano Atlántico para traer bacalao de la Isla de Terranova. Desde aquí partió Jacques Cartier para conquistar las costas de Canadá en 1534 y del mismo puerto partió en 1711.
El famoso consario Dugay Trouin que tomó las costas de Río de Janeiro con solo siete navíos.
De todas las historias la más curiosa es la que une el gentilicio “malouins” que se aplica a los habitantes del Saint-Malo, con las islas Malvinas. Los marinos llegaron a las Malvinas en el siglo XVIII se quedaron durante un breve período y terminaron bautizándolas.
Saint-Malo es uno de los destinos turísticos más bello y exclusivo de la costa Bretona.
El centro es pequeño, con restaurantes, creperías y sirven exquisitos frutos de mar.
Al atravesar la muralla y cruzándola gran puerta nos encontramos con casas con varios pisos, siempre con dos elementos características piedra grisácea en las paredes y los techos negros.
Si tenemos un poco más de tiempo de recorrer no podemos dejar afuera.
El gran acuario, la tumba de Chateaubriand, del castillo, del fuerte y del museo Jacques Cartier.
A 50km. De la ciudad hay otros destinos que merecen ser visitados como es Mont Saint-Michel (isla rocosa con historia) Otras opciones son Cancale y Dinard (pueblo de pescadores).
Aprovechemos la marea baja para disfrutar de las historias y las playas.

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